24 de mayo de 2017

"Cuando estás acostumbrado al privilegio, la igualdad se siente como opresión."

Va de nuevo: "Cuando estás acostumbrado al privilegio, la igualdad se siente como opresión".  Quizá te haya tocado observar esto por ti mismo, con un hermanito consentido de más (que se queja sin parar cuando las cosas se dividen equitativamente), con un equipo de fútbol que normalmente recibe trato especial por parte de los árbitros, con el fresco de la oficina que pide (y recibe) permiso cada vez que su mamá va al súper o su hijo desayuna Choco Krispis, pero bien despotrica cuando alguien se ausenta media mañana al año por cualquier motivo.

"Cuando estás acostumbrado al privilegio, la igualdad se siente como opresión".  Porque, de repente y "sin razón", se te priva de algo de lo que siempre has gozado; tu reacción, la reacción instintiva de cualquiera—emocional, gutural, primal, como quieras llamarle—es la de un bebé que exige jugar precisamente con el juguete que acaba de desechar, sólo porque su hermano lo recogió del suelo: "No es justo".

Una vez más, porque es un pensamiento que guarda tanta profundidad dentro de su sencillez que vale la pena repetirlo para asegurar que no lo pierdas de vista a lo largo de este texto:

"Cuando estás acostumbrado al privilegio, la igualdad se siente como opresión".

En pleno siglo XXI, existen aún muchas personas y muchos grupos que gozan de vastos privilegios, muy por encima de la realidad de otras muchas más personas y grupos; en pleno siglo XXI, son cada vez más las personas y los grupos que ya no están dispuestos a quedarse callados, y que buscan equilibrar un poco la balanza de distintas formas; la primera de ellas, tratando de crear conciencia sobre las desigualdades de las que son parte.

El problema es que cuando estás acostumbrado al privilegio, la igualdad se siente como opresión, especialmente cuando ese o esos privilegios están tan arraigados que constituyen el orden natural de las cosas.

El ejemplo más frustrante y cotidiano de este caso es el de las mujeres (claro que aquí hay que admitir que quizá me parece el ejemplo más frustante y cotidiano porque no sólo es de los más universales, afectando a más del 50% de la población mundial, sino porque me afecta a mí directamente). 

De entrada, porque el movimiento "de las mujeres" consiste en hacer avanzar la situación de las mujeres en general lo suficiente como para alcanzar la situación actual de los hombres en general.

 
Ésta no es la situación actual, pero es la situación real de la diferencia salarial en 1973 (56 centavos por dólar hace apenas 43 años), sólo por usar una medida verificada y cuantificable.

La situación actual es así:


78 centavos por dólar en 2013. Ha habido mejoría, pero todavía hay camino por recorrer.

El problema es que este movimiento tiene ahora un problema de semántica, porque reitero: el movimiento "de las mujeres" consiste en hacer avanzar la situación de las mujeres en general lo suficiente como para alcanzar la situación actual de los hombres en general.  Ésta es la literal definición del feminismo; el feminismo promueve la igualdad, no la supremacía de las mujeres, y sin embargo, la sola mención de la palabra dispara sentimientos desagradables tanto en hombres como en mujeres, que confunden (o le temen a la confusión) entre feminismo y feminazismo.

Ése no es mi punto en este momento; ésa es una conversación muy importante (especialmente ante tanto movimiento anti-feminista que explica su existencia diciendo que lo correcto es buscar igualdad, porque cuando estás acostumbrado al privilegio etc., etc.), pero no es la conversación que quiero establecer hoy, porque me interesa más que haya conciencia—y por lo tanto debate—sobre el fondo que sobre la forma: quiero asegurarme de que la mayor cantidad de gente posible comprenda por qué la igualdad nos urge a todos.

Si ya leíste hasta aquí, confío en que es porque tienes la mente abierta, interés en este tema o absolutamente nada mejor qué hacer; estoy segura que los anti-feministas que llegaron aquí por accidente ya deben haber dejado de leer.  Te saludo por tu buen juicio o tu día flojo en la oficina.

Mi punto aquí es que la diferencia salarial es, tristemente, el menor de nuestros problemas.  Nunca falta en esta conversación el que sale con que "mi esposa/hermana/amiga/abuela gana lo mismo que X/si no te gusta renuncia, nadie te obliga", pero piensa en eso: colectivamente, las mujeres ganan 20% menos que los hombres, EN ESTADOS UNIDOS, por hacer el mismo trabajo.  ¿Qué puede ser un mejor ejemplo de una injusticia? Y en mi opinión, ése es el menor de nuestros problemas. 

En este momento, considero que uno de nuestros mayores problemas es que existe un movimiento anti-feminista, que ve los esfuerzos que buscan acercarnos a la igualdad como opresores.  Las mujeres de todo se quejan, por todo culpan al imaginario "patriarcado"; sin exagerar, opinan que los hombres heterosexuales son la única clase que no está protegida.  Tengo los contactos de Facebook que lo prueban. 

Esto no es decir que no existan las feminazis y que no haya reacciones exageradas, porque las hay, pero éstas no son representativas, y en vez de movernos hacia adelante, nos llevan uno o varios pasos atrás.

Pensé en escribir sobre esa falacia estúpida de "claro que hay igualdad, porque nosotros estamos obligados a cargar el garrafón/pagar las citas", pero honestamente, es una falacia tan, pero tan estúpida, que llevo año y medio pensando qué se puede decir sobre ella, aparte de que es una falacia. Y aparte, muy estúpida.

* * *

Lo cierto es que las mujeres vivimos con miedo.  Es tan ubicuo y omnipresente que nunca hablamos de ello, como nunca hablamos de que la lluvia moja, o que hay que respirar para vivir.  No es que vivamos aterrorizadas todo el tiempo, pero desde pequeñas nos enseñan a cuidar a dónde vamos, por dónde caminamos, con quién, a qué hora, vestidas cómo, qué tomamos, etc., porque algo malo podría pasarnos.  Las mujeres no deben caminar solas de noche, porque alguien podría hacerles algo.  Algo como cualquier tipo de acoso sexual.

El problema es que el acoso sexual no depende de las precauciones que una mujer tome o deje de tomar; el acoso ocurre en público y en privado, en la noche y a plena luz del día, con y sin testigos; te garantizo que la mayoría de las mujeres que conoces han sufrido al menos un tipo de acoso en su vida, lo sepas o no.  Te pongo aquí algunos ejemplos:

  • En el Vaticano, en plena Plaza de San Pedro, llena de fieles católicos, una mujer fue nalgueada.
  • Una corredora hacía ejercicio en la Col. Benito Juárez Norte aquí en Mérida; un hombre en una bicicleta se le acercó y después de hacerle ruidos obscenos trató de tocarla.  Ella lo tiró de la bicicleta y corrió de regreso a su casa. 
  • Un estudiante de 2o de preparatoria le ofreció un masaje de espalda a una compañera de salón; durante el "masaje", deslizó sus manos por debajo de los brazos de ella para tocarle el pecho.
  • Una adolescente tenía problemas al montar una bicicleta; un hombre que pasaba por allá le ofreció ayudarla, y acto seguido se abrió el pantalón.  
Ni mencionar los múltiples casos de acoso en el transporte público o caminando donde hay albañiles, porque no acabamos.  


No necesito explicar que el sufrimiento de las víctimas de cualquier crimen, y especialmente los crímenes violentos, no termina junto con el crimen en sí.  Si has vivido o conoces a alguien que haya sido víctima de un asalto, o incluso de un robo sin haber estado presente (desde un cristalazo hasta un boquetazo), sabes que los anuncios donde "tu tranquilidad" es el mayor botín no son una exageración. Si te asaltan en tu coche, tu coche ya no es un lugar seguro; si roban en tu casa, tu propio hogar te causa ñáñaras.

En el caso de las mujeres que son víctimas de crímenes sexuales, no sólo el espacio se vuelve inseguro, sino hasta tu propio cuerpo; tu integridad es, de una u otra forma, y valga la redundancia, violada.  Pero además está lo anterior: el entendido es que tú como mujer eres responsable de tu propia seguridad, y por lo tanto, si alguien te hizo algo, existe la posibilidad de que tú hayas hecho algo para provocarlo.

Algo como ir a un lugar donde haya mucha gente, como el Vaticano.  Algo como correr en la calle en las mañanas.  Algo como aceptar un masaje de un amigo. 

Mucha gente (hombres y mujeres) se enojan cuando se habla de que vivimos en una (quizá mal llamada) "cultura de la violación", en la que los crímenes sexuales se perciben como algo que tiene que ocurrir tarde o temprano, pero que puede evitarse si las mujeres se visten adecuadamente y van a los lugares correctos; como crímenes que de una u otra forma son causados por las mujeres que no se visten adecuadamente, que van a los lugares incorrectos, que incitan a los hombres a hacerles algo.  En otras palabras, que un crimen sexual es culpa de la víctima.  

Quizá leas esto y pienses que las feminazis atacan de nuevo; que de ninguna manera nadie puede pensar así.  Pero la realidad es otra; este mes trascendió que un chico de 19 años que fue sorprendido in fraganti violando a una chica que estaba inconsciente recibió como sentencia seis meses de prisión, que pueden reducirse a tres por buen comportamiento.  ¿La justificación? Es su primera ofensa, y una sentencia más larga podría tener un severo impacto sobre él.

1. ¿La primera es gratis? Si me sorprenden matando a alguien, pero es la primera vez que mato a alguien, ¿me reducen la condena para que no impacte mi futuro?
2. ¿Qué no el punto del sistema de justicia es que haya un impacto sobre un criminal acorde a la severidad de su crimen?

¿Qué te dice esto? Que el juez no está pensando en el impacto que el crimen de Brock Turner tuvo sobre su víctima, si considera que seis meses de prisión son suficientes; o que considera que Brock Turner no es taaaan culpable, pues la chica estaba borracha; o que el juez es incapaz de entender que una violación es un crimen muy, pero muy serio.  La cultura de la violación no consiste en pensar que está bien cometer crímenes sexuales, sino en no darles la importancia que tienen, defender a los agresores, culpabilizar a las víctimas.

Si no seguiste el link, te cuento que el papá de Brock Turner pidió una sentencia reducida para su hijo, arguyendo que fue víctima del alcohol y la promiscuidad, y que el proceso legal ha sido tan estresante que el pobre ya no come como antes; una amiga suya de la prepa salió a defenderlo diciendo que es un muy buen muchacho, y que en realidad lo que hizo no cuenta como violación porque la chica estaba borracha.  Excepto que no estaba borracha, estaba inconsciente.  Lo sorprendieron in fraganti, y tan sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, que trató de huir, y los chicos que lo descubrieron lo tuvieron que perseguir y taclearlo, porque era visiblemente obvio que estaba violando a una mujer que estaba inconsciente. 

Quienes hablan de terminar con la cultura de la violación piden que así como se enseña a las niñas a tomar precauciones para prevenir ataques sexuales, se enseñe a los niños la importancia del consentimiento y el respeto del mismo.  Que ambos entiendan que no es no, y se respeten y se den a respetar.

Pienso que una de las explicaciones más elocuentes sobre este tema es la que te comparto, del escritor Matt Lang:

"He estado alcoholizado muchas veces, incluso en compañía de mujeres promiscuas que también estaban alcoholizadas, y me las he arreglado para no violarlas, así que creo que el alcohol y la promiscuidad no son el problema.

"El problema es éste: algunos hombres son unos desgraciados que sienten que tienen derecho a todo, y son desgraciados que sienten que tienen derecho a todo porque sus padres, sus entrenadores y sus amigos les enseñaron a ser desgraciados que sienten que tienen derecho a todo.  Y porque son unos desgraciados que sienten que tienen derecho a todo, creen que pueden tener todo lo que se les antoje, y que su valor depende de lo que tienen y lo que toman.

"El alcohol tiene la capacidad de liberar lo que, muy en el fondo, siempre hemos querido hacer.  Para mí, eso significa ocasionalmente correr desnudo en lugares en los que no debería hacerlo, como bibliotecas o desiertos (para la próxima, debo recordar que desierto = cactus).  Pero sin importar qué tan borracho haya estado, nunca he olvidado que violar está mal, porque me enseñaron que violar está mal.  Ni todo el alcohol del mundo puede quitarme ese valor.

"A Brock Turner y los de su calaña no se les enseñó eso.  Se les enseñó que pueden tener lo que quieran, cuando lo quieran, incluyendo a las mujeres.  Y que eso es ser un hombre.  Brock Turner pensó que tenía derecho a un poco de "acción", sin importar cómo la obtuviera, y lo pensaba mucho antes de haberse emborrachado.  El alcohol no introdujo ese pensamiento, lo liberó.  Ese pensamiento: "puedo tomar lo que yo desee, incluyéndola a ella" fue plantado y regado por toda una perversa comunidad.

"Lo correcto es que lo avergoncemos a él, a su papá, y a la amiga que lo defendió, y al juez y a todos los desgraciados que sienten que tienen derecho a todo con los que nos encontremos.

"Y con la misma importancia, debemos amar a nuestros niños, y enseñarles la dignidad del cuerpo, y cómo afrontar la desilusión y la confusión, y cómo navegar pensamientos confusos, y cómo separar los sentimientos de las acciones, y cómo comunicarse y escuchar.  Necesitamos redefinir para ellos lo que significa ser un hombre, y que su valor no depende de lo que tengan y de lo que tomen."

17 de abril de 2015

Los hombres no lloran

 Los hombres no lloran. 
Y las mujeres tampoco.

Escuchado en la playa.  Supongo que es un avance. 

6 de febrero de 2015

Éste no es un blog de viajes

Probablemente porque soy demasiado dispersa como para mantener uno.  Éste sí lo es.  Pero me invitaron a colaborar en el blog de T'ai Spa, así que por qué no.

31 de enero de 2015

Jazmín de Luna

2:30.  Hoy conocí a un matrimonio que lleva 52 años de casados.  Tuvieron 8 hijos, y ya van por los 23 bisnietos.  Él está metido en el Círculo Bíblico o algo así, y ella no sabe leer.  Una pareja de lo más amable que te puedas imaginar.  Son personas humildes, pero el martes esperan a 10 de nosotros.  Hoy comimos en casa de una señora, doña Carmen, casada, con tres hijos, de 9, 6 y 2 años.  Se nota que es una familia muy unida.  Y se nota que son felices.
Te extraño. 

Cómo, casi 13 años después, de repente me acordé de ti podrá ser para siempre un misterio.  Aún hoy, casi 13 años después, necesito ver otra vez las pruebas físicas de que exististe, tan pruebas y tan físicas como es posible, y aun viéndolas otra vez no estoy convencida de que hayas sido real.  Hay veces en que estoy 99% segura de que no lo fuiste.

Pero ¿tan elaborado? ¿y sin motivo aparente? No puedo convencerme al 100% ni de una cosa ni de otra, porque no le encuentro explicación.  ¿Las vidas de todos están llenas de pequeños misterios sin resolver? ¿De notas anónimas, de recados incompletos, de amigos y amores que un día desaparecieron sin dejar rastro?

A veces trato de pensar en cómo se sintió que desaparecieras, de repente, de un día para otro.  Porque, para todo efecto práctico, desapareciste.  Las personas reales no desaparecen; quizá el verdadero misterio sea quién eras en realidad.   No lo recuerdo.   No recuerdo haber llorado, ni maldecido los cielos por tu culpa.  Hasta el día de hoy, a pesar de todo, más que cualquier otra cosa, lo que siento es curiosidad.  ¿Exististe? Si sí, ¿qué es de tu vida? ¿Todavía escuchas las mismas canciones? ¿Te acuerdas de mí? ¿Me buscas?  Y si no, ¿por qué? ¿quién? ¿con que fin?

Mi vida está tan llena de pequeños misterios sin resolver que mi idea del cielo incluye una sesión de respuestas.

29 de julio de 2014

Más extraño que la ficción (II)


La interminable historia de una persona que lleva tres meses tratando de ejercer un derecho otorgado libremente por el gobierno de México: cambiarse de compañía telefónica sin perder su número.  (Empieza aquí)

 "Claro que sí, le cancelamos el plan.  ¿Segura no quiere quedarse con Iusacell? Le ofrecemos $400 de descuento en uno de estos teléfonos de hace dos años, con un valor de $4,000 cada uno.  ¿No? ¿Segurísima? ¿Ya lo pensó bien? Bueno, ok, entonces lo quiere en prepago, ¿no? Ok, entonces va a tener servicio de aquí al día 15, y ya luego se pasa a prepago.  Nada más tiene que pagar su última mensualidad en un CAE que no sea éste, porque no sirve nuestra impresora.  ¡Tiene hasta el día 25!"

Solicité portabilidad en el Centro de Atención a Clientes de movistar (si algo puedo decir de movistar, es que al menos no tienen el cinismo de implicar que la atención que dan tiene algo de especializada), y me dijeron que regresara cuando me quedara sin servicio y que me acabara mi crédito porque ése no se porta.

Día 15: me quedo sin servicio, y voy al CAC de movistar.

"Er... no, pero aquí dice que Iusacell rechazó su solicitud de portabilidad, que porque su línea es plan."

"¿Y por qué me quedé sin servicio?"

Ah, porque di de baja el plan.  ¡De regreso a Iusacell! "¿No eso quería? Ah, bueno si quería que en vez de cancelarse se fuera a prepago, tenía que haber pagado un SIM.  ¿Nadie le dijo? Bueno, es que como cuando se lo decimos a la gente se enoja, hay ejecutivos que prefieren no decírselo al cliente."  Entiendo que cuando la gente quiere tener la razón, modifica y distorsiona lo que la otra persona dijo para quedar mejor.   Me encantaría decir "bueno, no fue tan así." FUE ASÍ TAL CUAL.  NO ME DIJERON PARA QUE NO ME FUERA YO A ENOJAR.

Ok, lo que sea.  Pagué un SIM más, y volví a solicitar la portabilidad.  "En una semana debe caer, ¡no olvide gastarse su crédito!." Pero no cayó.  "Es que Iusacell lo sigue negando, quién sabe qué pasará."

Para ese entonces, yo ya había pasado unas 3 horas acumuladas esperando a que me atendieran en el CAC de movistar.  Normalmente, esperar no se me hace terrible, porque gracias a Dios tengo un Kindle (y un celular, pero sin servicio, porque el crédito no se porta), pero movistar aparentemente odia a sus ejecutivos, y literalmente tiene a todo volumen un loop de audio/video que dura como 45 segundos.  Imagínatelo, por favor. Tu trabajo consiste en tratar con seres humanos, 8 horas diarias, escuchando un fragmento de canción de Bruno Mars una y otra y otra y otra vez.   Por algo su uniforme no requiere corbata.

Total que decidí que para ya no tener que seguir esperando, lo intentaría de nuevo a través de Twitter.  Y mientras, a poner una queja ante el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT, antes Cofetel).

Dos días después, me habla un fulanillo de Iusashit para decirme que no es culpa de Iusacell, es culpa de Movistar, porque hicieron mal el trámite: adjuntaron la factura de mi plan cancelado, cuando ahora mi línea está en prepago.
—Fulanillo, lo que me estás diciendo no tiene sentido, porque yo no le di a Movistar ninguna factura, ¿me estás diciendo que se tomaron la molestia de conseguirla para adjuntarla?
—Efectivamente.
—Eso no tiene ningún sentido, ¿de dónde la podrían haber sacado?
—No sé, pero debería poner una queja contra ellos ante el IFT.
o_o

El fulanillo le dijo entonces al IFT lo siguiente:

¿Quién se quiere cambiar a Telcel? Yo no. 

Respondí aclarando las inexactitudes del correo de Fulanillo, incluyendo la estupidez de que Movistar había presentado una factura inexistente; el 13 de junio a las 5:56 pm, el IFT me envió un correo diciéndome que el NIP de portabilidad que me había dado Movistar ya había expirado, de manera que me recomendaban comenzar nuevamente el trámite.

Le informé esto vía Twitter a los ejecutivos de Movistar, y su respuesta fue:






*suspenso*

*suspenso*






28 de julio de 2014

Más extraño que la ficción (I)

Cuando en el infierno se habla del servicio telefónico de México, los condenados al fuego eterno sienten pena por nosotros.

¿Qué dijeron? ¿Se cambió a American Express y vivió feliz para siempre? Ojalá la vida fuera así de fácil.

Déjame contarte la historia del regalo de navidad más costoso que me he hecho en la historia del tiempo que llevo haciéndome regalos de navidad a mí misma, o cómo le hice para pasarme el 47% de lo que llevamos del 2014 sin servicio telefónico.

Todo comenzó en diciembre de 2013, cuando decidí que quería un Moto X.  El Moto X, por si no lo saben, es un teléfono perfecto, y es importante aclarar que nada de esto fue su culpa. Faltando todavía 6 meses para que terminara el plazo forzoso de mi plan con Iusacell, saqué un MotoX con ellos; Iusacell, a diferencia de otras compañías, ofrecía el teléfono al mismo precio, pero con un año de servicio incluido.  No me vendría mal tener el servicio pagado seis meses después de que terminara mi plan, pensé, así que el sábado 13 de diciembre fui a comprarlo a un Centro de "Atención Especializada" de Iusacell, y le expliqué al "asesor" que quería tener mi número actual en el teléfono nuevo; me dijo que no había ningún problema, excepto que no tenían Moto Xs en existencia, y para que pudieran pedir uno el cliente (yo) lo tenía que pagar por adelantado, así que lo hice.

Si yo hubiera sabido lo que me esperaba en este momento de felicidad...

Una semana después, el día 20, llega el Moto X, y todo es felicidad, excepto, me comenta el "asesor", que no tienen sistema para hacer el cambio de línea.  "Debe regresar en cualquier momento", dice, "porque ya llevamos así dos semanas."   Amablemente, no lo niego, se ofreció a avisarme cuando tuvieran sistema y a hacer el cambio de líneas de forma remota para que yo no tuviera que regresar al "CAE".   El día 27, por fin, me dice que ya hay sistema, que hará el cambio de línea, que los teléfonos se quedarán sin servicio unos 15 minutos, y que cuando se reactiven hay que marcar *228.

Pasaron 15, 20, 30 y 60, y nunca regresó el servicio.  Me puse en contacto con el asesor, y me dijo que aparentemente se habían quemado los chips, y que no me preocupara, que pasara al "CAE" al día siguiente y me darían unos nuevos.

Día 28: Un asesor diferente me explica amablemente que no tienen sistema, así que no pueden hacer nada, ni tener acceso a mi cuenta ni mucho menos reactivarme ninguno de los dos SIMs.  "¿Como cuánto tardará?" "No sabemos, pero si gusta puede regresar en 45 minutos."

Compañero, no te voy a quitar el tiempo: pasaron 45, 150, 300, 1000 y 10,000 minutos.  Pasaron exactamente 36 días y nunca regresó el sistema de Iusahell.  El día 6 de enero, después de 10 días de cargar dos ladrillos por la vida, puse dos quejas ante el IFT y Profeco (una por cada teléfono), y el 23 de enero tuve una sesión de Concilianet por cada queja.  Iusashit, déjenme platicarles, no considera un abuso tener a un usuario sin servicio telefónico por un mes, ni porque el usuario esté pagando el servicio.  Su idea de "conciliar" fue reembolsarme un mes del servicio que no me prestaron en el plan de plazo forzoso, y reembolsarme UNO de los SIMs que se quemaron durante el relajito... Yo terminé pagando el otro, porque por el amor de Dios, ya estaba harta de lidiar con esa gente y sus groserías.  Ah, y aceptaron el Moto X que me había servido una semana, sin cobrarme nada por la semana que lo usé, ¡woo!

Pero bueno.  Otro Moto X (más económico, y aparte liberado) llegó a mi vida, y no me quedó más que esperar a que venciera el plan para cambiarme de compañía, y ya, ahí acabó todo.

¡Eh, finta!

Llegó el 8 de mayo, día mágico en que acababa mi plan con Iusashit.  Tomé mis precauciones: averigüé qué día había que solicitar la cancelación, cuándo se podía solicitar la portabilidad a otra compañía (en este caso, movistar), cuál era el procedimiento, etc.   ¿QUÉ PODÍA SALIR MAL?

La lista de cosas que salió mal es ridículamente larga.  Tanto así, que la dejo para la siguiente entrada.


20 de agosto de 2013

Las noches son más difíciles.

 Ésta no ha sido la mejor semana.

Alguna vez leí que una muerte inesperada, "injusta", como la de un adolescente o alguna por estilo, siempre es más dura para todos que, por ejemplo, una muerte "natural", como la de un anciano.  Que en esos casos la gente siente hasta un poco de alivio, porque la persona está mejor, etc.  Tenía sentido, y lo acepté como cierto por mucho, mucho tiempo.

No sé si sea así; la verdad, no tengo manera de comprobarlo (ni quiero, por el amor de Dios).  Pero sé que 89 años son muchos años de que una persona pueda ser considerada "anciana", y aquí estoy, hecha un mar de lágrimas un martes a las 12:18 pm.  No es que fuera una sorpresa, pero jamás me esperé que me doliera tanto, tanto, tanto.

El domingo el padre pedía por su alma y le rogaba a Dios que la dejara entrar al Cielo, y sé que lo hacía por que no la conoció.  No sé qué sigue, pero sé que minutos después de que su cuerpo se rindiera, Jobita ya estaba high-fiving a million angels, o en un spa para el alma, o convertida en la estrella más brillante que podremos ver en algunos años, o reencarnando en un bebé destinado a tener todo lo que siempre soñó.  Si alguna vez dijo o pensó algo malo de alguien, nunca fue frente a mí.

Por eso estoy segura que no lloro por ella; lloro porque sólo la tuve 32 años, y no la aproveché.

Durante el día tengo suficientes distracciones y no lo pienso demasiado, aunque la verdad es que estoy medio insufrible. Las noches son más difíciles.  No puedo evitarlo; en estos tres días he pensado más en ella que en los últimos tres meses... o años.  Trato de repasar en mi mente las cosas que no quiero olvidar.  Los cuentos del Pato Donald, los cuentos de Perico y los... ¿cabritos? El mojón en el cajón, su risa, cómo decía "bueno" cuando contestaba el teléfono... Cómo nos saludaba y cómo se despedía.  Cómo nos decía adiós con el brazo.  Cuando se quedaba dormida comiendo, o viendo tele.  La tortuga que la seguía para que le diera de comer.  "Le falta su salito".  El sosquil.  Cómo se rió cuando le pregunté si de joven había sido rubia.  "Es que Jobita es calmosa".  Cómo se hacía su zorongo.  Su rebozo rosado para cuando hacía frío. El ollejo de las tortillas.  Que nos decía que las figuritas de masa no servían, pero aún así las ponía en el comal.
Nunca pensé que me despediría de los restos mortales de una persona. Fue raro, pero... necesario también, de alguna manera.  Parecía que estaba dormida, como tantas veces frente a la tele.  Sentí su mano, lisita, alguna vez tan fuerte... la mano que me llevaba de regreso de la escuela, que me hacía la comida que yo quisiera, que me hacía jugo o limonada, que me compraba arepas, que tapaba su cara cuando se reía, y le repetí, cuantas veces pude, al menos algunas de las que se lo debí decir en este mundo; nunca las suficientes, pero al menos con la seguridad de que me estaba escuchando: te quiero mucho, Jobita.  Te quiero mucho.  Que nos volvamos a encontrar.