25 de abril de 2011

Ouch.

Algo pasaba con Jovita; estaba mal. Alguien trataba de cargarla, pero yo le decìa que no y lo hacía yo misma. Aprovechaba para decirle que la quería mucho, y le preguntaba en qué le podía ayudar.  Renuente, me dijo que quería un té.
Eran casi las nueve, y yo estaba un poco preocupada por no llegar a trabajar.  Por más que buscaba, en la cocina, en el jardín, en muebles y repisas, no encontraba nada que pudiera hacer té para ella. Pensé que tendrían que entender que por cuidar a Jovita es que había buscado trabajo en Cancún.
Mi jefa llegó en algún momento, y se puso a ayudar.  En mi desesperación, salí y me subí a un taxi que me llevara a algún Oxxo sobre la autopista para comprar té.  Pensé que era irresponsable irme sin avisar que me iba, pero no me importó.  Llegué a la tienda, que resultó ser parte de una oficina corporativa. 
Vivía en un departamento en la playa. La playa parecía ser la misma donde había visto subir la marea antes, pero el mar estaba lejos.  En el primer piso estaban instalados Ana, y creo que Mariana y Tío Raymundo. El otro departamento debía estar desocupado, pero no lo estaba.